
Edición Sunset
Marzo 2026
Sitio web sobre cine clásico, jazz y los artistas del pasado.
Todos los meses, una nueva edición.

100 años de Jerry Lewis
Mery Linares nos invita a repasar seis películas, desde su dupla con Dean Martin hasta sus propias propuestas creativas, de este genio absoluto de la comedia.
Gene Kelly y Liza Minnelli – For Me and My Gal
Preparen los pañuelitos. Este mes la talentosísima y sin igual Liza Minnelli (leí por ahí: ¡la primera nepo baby!) está festejando sus 80 años y qué mejor que este número junto a un colega de su mamá (y de su papá) para recordarla. En este fragmento del show de Gene Kelly de 1959, Liza tiene trece años e interpreta la canción que da nombre a la primera película de Gene, y su primera colaboración con Judy Garland: For Me and My Gal (1942).
La emoción es total no solo por los lazos artísticos-familiares y por el talento que Liza ya muestra tan joven, sino porque también su mamá empezó de chiquita en el mundo del showbiz. Gene tendrá fama de duro pero era un terrible sensiblero porque se dice que estaba muy nervioso y porque en la coreografía incluye detalles de la secuencia que hizo con Judy, todos pasos tradicionales de la era del vaudeville en la que ella se inició. De esta forma, gracias a la magia de Gene, Liza no solo «continúa un legado familiar», sino que encarna un pedazo de aquel arte del pasado que vio nacer al arte de su mamá.
David Lean


Por Celina Alba Posse
@capicomenta
Este marzo volvemos a sumergirnos en un nuevo Detrás de cámara, la sección especial de esta edición donde ponemos el foco en quienes le dan forma a las películas que tanto adoramos. Esta vez, el recorrido nos lleva a la vida y filmografía del director, productor, guionista y editor inglés David Lean (1908–1991).
Considerado una de las figuras más importantes del cine británico, se le recuerda sobre todo por adaptar las obras de Charles Dickens y Noël Coward, y por sus grandes épicas históricas como The Bridge on the River Kwai (1957), Lawrence of Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965), Ryan’s Daughter (1970), y A Passage to India (1984).
De “teaboy” a mejor editor de Reino Unido
Aclamado por directores como Steven Spielberg y Stanley Kubrick, y nominado en siete ocasiones al Oscar a Mejor Director —galardón que obtuvo por The Bridge on the River Kwai y Lawrence of Arabia—, David Lean no vio una película hasta los 17 años. En 1928, con apenas 20, ingresó a los estudios Gaumont British, iniciando una carrera que, hacia finales de los años 30, ya lo encontraba consagrado como el mejor —y mejor pagado— editor del cine británico.
En 1942 comenzaría su colaboración con el dramaturgo Noël Coward, con quien codirigió In Which We Serve (1942). El éxito del film permitió la creación de Cineguild, una productora encabezada por Lean junto a Coward, el productor Anthony Havelock-Allan y el director y director de fotografía Ronald Neame. Sus primeras producciones —tres adaptaciones de obras teatrales de Coward— marcaron el inicio de Lean como director en solitario: This Happy Breed (1944), la comedia sobrenatural Blithe Spirit (1945) y el melodrama romántico Brief Encounter (1945), considerada una obra maestra y la primera en explorar uno de los temas centrales de su cine: el conflicto entre las obsesiones privadas y las apariencias sociales.
Siguieron las adaptaciones
Lean continuaría su filmografía como director de la mano de dos clásicos de Charles Dickens: Great Expectations (1946), que obtuvo nominaciones al Oscar a mejor director, mejor película y mejor guion que, dicho sea de paso, sigue siendo considerada por muchos como la mejor adaptación cinematográfica de una novela de Dickens; y Oliver Twist (1948), otro filme que también gozaría de gran prestigio. Dos años después del estreno de esta última, Cineguild se disolvería y el director comenzaría a trabajar para el productor británico Alexander Korda en los estudios Shepperton.
Para finales de los años 40 y principios de los 50, David Lean dirigiría una serie de películas —The Passionate Friends (1949), Madeleine (1950), The Sound Barrier (1952), Hobson’s Choice (1954) y Summertime (1955)— que, lejos de la grandilocuencia que definiría su etapa posterior, exploran conflictos íntimos, tensiones románticas y dilemas morales con una sensibilidad única. Y si bien suelen quedar eclipsadas por sus épicas posteriores, estas obras permiten ver a un Lean profundamente interesado en la psicología de sus personajes y en la precisión narrativa, anticipando muchos de los temas que luego escalaría a dimensiones monumentales.
David Lean: sinónimo de épico
El director tocaría nuevamente la cúspide con el drama sobre prisioneros de guerra The Bridge on the River Kwai (1957), una película atravesada por batallas psicológicas de voluntades y secuencias de una intensidad arrolladora. Por ella ganaría siete premios Oscar, incluyendo mejor película y el primero como mejor director. Su éxito marcaría un punto de inflexión definitivo: a partir de entonces, su cine se expandiría en escala, ambición y duración, consolidando un estilo que lo volvería inconfundible.
Le seguirían algunas de las superproducciones más emblemáticas de la historia del cine: Lawrence of Arabia (1962), una odisea tan íntima como colosal sobre identidad y poder, ambientada en la inmensidad del desierto árabe; Doctor Zhivago (1965), donde el romance se entrelaza con la Revolución Rusa y sus paisajes nevados; y Ryan’s Daughter (1970), situada en la costa irlandesa, quizás su obra más divisiva, pero también una de las más visualmente deslumbrantes. En todas ellas —como ya insinuaban el sudeste asiático de River Kwai o la Venecia de Summertime—, los escenarios exóticos y remotos no funcionan solo como escenario, sino como una marca autoral: lugares de una belleza imponente se repiten una y otra vez, volviéndose tan imprescindibles como los protagonistas de cada historia.
Tras una prolongada pausa en su carrera como director —catorce años, para ser exactos—, David Lean regresaría con A Passage to India (1984), su última película, en la que retoma con la madurez de toda una vida sus obsesiones por los choques culturales y las tensiones humanas, ambientadas en una India atravesada por las complejidades e injusticias del colonialismo británico.
Entre lo psicológico y lo monumental, lo íntimo y lo épico, construyó una filmografía de apenas dieciséis películas en total. No es una obra extensa en comparación a otros pares, pero sí extraordinariamente curada.
Este marzo vale la pena recordar que su legado no reside únicamente en la espectacularidad de sus imágenes —tan instaladas en el imaginario colectivo que incluso quienes no hayan visto sus películas las reconocen—: el horizonte infinito del desierto y la figura solitaria en Lawrence of Arabia, el tren abriéndose paso entre la nieve en Doctor Zhivago o el puente estallando en The Bridge on the River Kwai. Porque si bien son imágenes de una belleza imponente, inolvidables, nunca están vacías: en ellas, Lean siempre encontró un pulso humano, una quiebre, una emoción que se queda con el espectador mucho después de los créditos…
Ol’ Man River
El jazz tiene esa capacidad de presentar una misma composición de mil formas diferentes, hasta el punto de que una canción sobre la continuidad de la naturaleza frente a la adversidad social pueda interpretarse de manera ligera y entretenida como lo hace Bing Crosby en este especial de TV de 1959.
Entre las primeras versiones de la canción escrita por Jerome Kern y Oscar Hammerstein II para el musical Show Boat de 1927, se encuentran dos de la orquesta de Paul Whiteman de 1928, una con un joven Bing, en clave fox-trot, y una con el fenomenal Paul Robeson, quien la interpretaría luego en la película Show Boat (1936). La primera intercala un fragmento de Swanee River en la introducción, mientras que la segunda incluye el tema del segundo movimiento de la sinfonía Del Nuevo Mundo de Dvořák, que se volvió sinónimo del sur estadounidense. Las escuchan a continuación.
The Crowd (1928) – King Vidor


Por Isabel Camarillo Morelos
Al hecho de que las películas contengan miles de historias que nos transportan e introducen en diversas épocas, personajes y contextos se le puede atribuir el concepto de magia del cine. Sin embargo, lo que más impacto emocional puede generar es aquello con lo que nos identificamos. Una historia simple, con personajes normales o lugares carentes de detalles significativos, puede reunir todo lo necesario para que pensemos en ella durante días después de haberla visto. Aunque hoy abundan películas que buscan lograr este efecto, si revisamos entre el cine clásico o incluso más antiguo, podemos llevarnos una sorpresa. A pesar de los cambios en el contexto social, estas historias siguen resonando hoy en día.
Por ello, en este artículo queremos destacar una sobresaliente película del cine mudo, The Crowd (1928), una obra que surgió entre el inicio del cine sonoro y nuevas propuestas dentro del séptimo arte. Fue una idea arriesgada del director King Vidor, a quien, tras dirigir varios éxitos, el estudio MGM le debía el desarrollo de esta historia simple y realista, pero con un impacto que marcó a más de una generación.
Esta película se adentra en la historia de John Sims (interpretado por James Murray), un chico cuya vida estuvo marcada con la constante promesa de que algún día, cuando menos lo esperara, tendría la oportunidad: aquella que lo situaría entre los “grandes” porque él estaba destinado a lograrlo. Cuando crece y comienza a trabajar en la gran ciudad, se enamora de Mary (interpretada por Eleanor Boardman), una bella chica que se convertirá en su compañera de vida. Con el paso del tiempo, la historia lo enfrenta a diversos problemas que podrían quebrantar la ilusión que siempre ha estado arraigada en su existencia.
Para la realización de este largometraje, lejos de pretender contar con figuras importantes del cine de la época, el director tenía un enfoque distinto. A pesar de ser un realizador con trabajos exitosos y colaboraciones con estrellas de la talla de Marion Davies y John Gilbert, buscó entre jóvenes que intentaban encontrar su oportunidad en el ámbito hollywoodense. Así encontró en James Murray, quien hasta entonces había trabajado como extra o en papeles pequeños, a su protagonista perfecto.
Desde un enfoque innovador, experimental y auténtico, Vidor llevó a cabo su proyecto. El resultado final se refleja en distintos aspectos: desde las impactantes tomas del edificio en el que Sims trabaja como oficinista, hasta las escenas que muestran a la multitud en una enorme ciudad como Nueva York. Todo esto busca mostrar y encapsular el idealismo que rige la vida del protagonista, tal como se expresa en la frase de un personaje que comparte un barco con John cuando se muda allí: “Tendrás que ser bueno para destacar entre la multitud”.
Asimismo, las actuaciones logran un contraste de emociones y expresiones en cada momento de la película: desde alegría hasta sentimientos encontrados al caer en la rutina, pasando por el dolor que se deja entrever ante las situaciones desafortunadas. Murray lleva a la pantalla una interpretación convincente a medida que el personaje atraviesa distintas experiencias que desarrollan su arco y lo convierten en una figura memorable.
Todo esto hace que la película siga dando de qué hablar incluso décadas después. Un claro ejemplo es cuando se le preguntó al director francés Jean-Luc Godard, casi cuarenta años después del estreno, por qué no se hacían más películas sobre gente común, a lo que respondió: “The Crowd ya se ha hecho, ¿para qué rehacerla?”. Otro ejemplo es el dato de que las tomas del edificio de la oficina sirvieron de inspiración para el director Billy Wilder en su icónica película The Apartment (1961).
En lo personal, creo The Crowd aborda temas que, independientemente de su contexto histórico, logran conectar con el espectador actual: la lucha por realizar nuestros sueños, nuestro dolor ante experiencias atormentantes y el hecho de que, después de todo, el mundo sigue o tiene que hacerlo, aunque resulte trágico. El lector queda invitado a tomarse un tiempo para ver lo que, más que un hito del cine clásico, fue el resultado de la propuesta de un exitoso director del cine mudo: llevar algo diferente a las salas de cine.
Be a Clown – Gene Kelly & The Nicholas Brothers
Este número del musical de Vincente Minnelli, The Pirate (1948), es emocionante por muchos motivos. En primer lugar, tenemos a los increíbles Nicholas Brothers a pura acrobacia y Technicolor. Gene Kelly le pidió a Cole Porter que escribiera una canción alegre (que funciona luego como plantilla para Make Em’ Laugh en Singin’ in the Rain) para el momento previo a que su personaje sea condenado a la horca.
Sabiendo que por motivos de segregación el número iba a ser retirado en varios cines del sur de Estados Unidos, Gene quiso hacerlo igual con Fayard y Harold, dos artistas hechos para este tipo de coreografía, y probablemente de las pocas personas que puedan hacer a Gene volar en una ronda.
En su conjunto, la secuencia funciona como un homenaje al talento y trabajo de los hermanos, al rol del acróbata y del payaso, y como una alabanza a la intención de hacer reír y, por qué no, al ridículo. The Pirate es una película que se apropia de la parodia y la vuelve idioma corriente, pero no por eso pierde la emoción, siempre presente en el cine musical de esta época, de reivindicar el craft del espectáculo.
Now You Has Jazz – Louis Armstrong
And listen to, well, you know who!
En 1956, Louis Armstrong y su banda trabajan en la película High Society (basada en The Philadelphia Story) junto a Bing Crosby y ambos graban este tema como parte de su banda sonora. El jazz aparece como ese elemento completamente externo al mundo de los socialités (or should I say hats and cats?) y qué mejor que Louis para expresar esa pasión que moviliza hasta a las más elevadas de las diosas griegas.
Now You Has Jazz es una canción que Cole Porter compuso para la película y que funciona un poco como historia del jazz y como una gran forma de presentar a las músicos. En este fragmento del programa de Ed Sullivan de 1961, la orquesta la forman Trummy Young en el trombón, Barney Bigard en el clarinete, Billy Kyle en el piano, Mort Herbert en el contrabajo y Danny Barcelona en la batería.
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Madres en el cine clásico
Celebramos a las madres en el cine con seis historias que ponen en el centro a esta figura, así como su entrega, sacrificio y coraje.













