
Este mes nos toca enfocarnos en un actor que logra dominar cada escena desde la sutileza, la elegancia y un magnetismo irresistible. Basta un par de minutos de cualquiera de los trabajos de Claude Rains para sentirse dominado por su presencia y talento.
Nacido en Londres el 10 de noviembre de 1889, hijo de un actor de teatro, Rains creció entre bambalinas y aprendió el oficio prácticamente desde la cuna. Con los años se volvió una figura habitual del West End y un maestro respetado en la Royal Academy of Dramatic Arts. En 1927 cruzó el Atlántico y se ganó un lugar en Broadway antes de llegar al cine. Aunque ya había grabado una película en 1920 en Inglaterra, su debut en la pantalla grande estadounidense llegó en 1933 con The Invisible Man, uno de los más icónicos monstruos de Universal, en la que, aunque no podemos verlo, podemos sentir su genio actoral en todo momento.
A partir de ahí, su filmografía se volvió un catálogo de personajes complejos, muchos de ellos villanos refinados de pura ironía, cálculo y, a veces, una humanidad escondida. Bajo contrato con la Warner, estudio que lo tuvo como una de sus estrellas más brillantes, fue el príncipe John en The Adventures of Robin Hood (1938), Dr. Tower en Kings Row (1942) y el inolvidable capitán Renault de Casablanca (1942), ese policía cínico que se indigna del juego ilegal mientras recibe sus propias ganancias.
Con Columbia fue el senador corrupto que desafió hasta el desmayo a James Stewart en Mr. Smith Goes to Washington (1939) y fue de nuevo un villano de Universal en Phantom of the Opera (1943). Con el maestro del suspenso, encarnó al tercero en discordia en la fenomenal Notorious (1946), junto a Cary Grant e Ingrid Bergman.
Una colega que lo nombró como su pareja favorita en varias ocasiones fue la gran Bette Davis, con quien Rains compartió pantalla en cuatro oportunidades: Juarez (1939), Now, Voyager (1942), Mr. Skeffington (1944) y Deception (1946). En el rol del Sr. Skeffington está particularmente sublime y nos da una de sus interpretaciones más conmovedoras. También durante los 40 y nuevamente con Michael Curtiz, lideró la trama de The Unsuspected (1947), un noir en el que un conductor de un programa de radio de crímenes termina creando el contenido de sus propios episodios.
Como muchos grandes actores de su época, al llegar los años 50 empezó a diversificar formatos y trabajó en radio y televisión, además de retomar las tablas. Sus útlimos roles en la pantalla grande incluyen Lawrence of Arabia (1962) de David Lean y The Greatest Story Ever Told (1965) de George Stevens.
En cada personaje de Rains se puede palpar un entendimiento preciso del efecto que tiene cada gesto y de cómo la actuación es un trabajo de todo el cuerpo: una mirada sutil o un cambio de voz pueden transformar el tono de una escena. Ver una de sus películas es saber que, incluso en aquellas en las que ocupa un papel de reparto, cuando aparezca en pantalla, la escena va a ser completamente suya.



