Diciembre 2023

Fotografía retrato de Edward G. Robinson

Al momento de repasar la historia del cine clásico de Hollywood, es inevitable referirnos a la figura de Edward G. Robinson, actor estadounidense que se popularizó por sus roles de gángster y transcendió por su talento interpretativo.

Nacido el 12 de diciembre de 1893 en Rumania bajo el nombre de Emanuel Goldenberg, emigró a Estados Unidos cuando era niño y creció en las calles de Nueva York, en el seno de una familia judía.

Con un interés por la actuación ya desarrollado en la universidad, se inició en teatro y en cine a mitad de la década de 1910. Su primera aparición confirmada en cine fue con un pequeño papel en la película muda The Bright Shawl (1923). En Broadway, protagonizó la obra The Racket en 1927, que marcó su primer rol como gángster y lo llevó a interpretar papeles similares en sus films.

Pero la carrera de Edward despegó con la llegada del cine sonoro, principalmente en 1931, cuando obtuvo el papel de Rico Bandello en Little Caesar, de Mervyn LeRoy. Su interpretación cruda de un gángster despiadado lo convirtió rápidamente en una estrella. El film, junto a The Public Enemy, estrenada el mismo año y protagonizada por James Cagney, fue el inicio de una serie de películas de gángsters que serían el centro de la producción de Warner durante los años 1930s.

Su período como gángster estrella de la Warner incluye películas como Smart Money (1931) -su única colaboración con Cagney- y The Little Giant (1933). Tras Little Caesar, colaboró dos veces más con el director Mervyn LeRoy: como un editor de periódico en Five Star Final (1931) y en el rol de un asesino condenado en Two Seconds (1932).

Incluso durante un periodo de su carrera fuertemente asociado a los «chicos malos», Edward demostró su versatilidad para diversos géneros, como el melodrama en Tiger Shark (1932), de Howard Hawks, y la comedia en A Slight Case of Murder (1938), de Lloyd Bacon.

Otras películas destacadas de la década incluyen The Hatchet Man (1932) de William A. Wellman, The Whole Town’s Talking (1935) de John Ford, Bullets or Ballots (1936) de William Keighley -esta vez en el rol de detective- y Kid Galahad (1937) de Michael Curtiz, junto a Bette Davis y Humphrey Bogart. Con este último compartió pantalla en cinco oportunidades a lo largo de su carrera.

Durante los años 1940s, Edward continuó diversificando sus roles y demostrando su versatilidad como actor. Algunos de sus papeles más memorables llegaron en esta década, incluido el del ajustador de reclamaciones Barton Keyes en la inolvidable Double Indemnity (1943) de Billy Wilder.

Además, trabajó en dos oportunidades con el director Fritz Lang, en las películas The Woman in the Window (1944) y Scarlet Street (1945). Otros films de esta época incluyen The Sea Wolf (1941) de Michael Curtiz, The Stranger (1946) de Orson Welles y Key Largo (1948) de John Huston.

Tras ser incluido en la lista negra de Hollywood durante el macartismo, vio descender en gran medida su trabajo, hasta que Cecil B. Demille lo convocó para interpretar el papel de Dathan en el drama épico The Ten Commandments (1956).

En los años siguientes, continuó trabajando en cine y televisión, principalmente en roles de reparto. Entre las películas de esta época se incluyen A Hole in the Head (1959) y The Cincinnati Kid (1965). Su último rol fue en el film de ciencia ficción Soylent Green (1973).

Con más de 100 películas en más de 50 años de carrera, Edward G. Robinson fue un intérprete con una calidad actoral impecable y esencial en la historia del cine clásico. Trascendente en los films de gángsters de los años 1930s y parte importante del film noir de los 1940s, su trabajo no se puede pasar por alto, incluso en aquellas películas en las que toma un rol secundario. A continuación, dejamos dos fragmentos de distintas películas que dan cuenta de su rango actoral para seguir recordándolo y disfrutándolo.

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Los inicios de un pequeño gran talento. La primera aparición en la pantalla del genial Sammy Davis Jr. sucedió en la sátira musical Rufus Jones for President (1933), protagonizada también por Ethel Waters, en la que el personaje de Sammy es elegido como presidente de Estados Unidos. Aquí podemos disfrutar de un Sammy de siete años haciendo lo que mejor sabe hacer desde siempre: cantar, bailar y entretener.

Póster de Leave Her to Heaven

Reseña de Mery Linares

@meryandthemovies

Leave Her to Heaven (Que el cielo la juzgue, en español) es de esas películas que se sienten como entrar a una mansión en la que pareciera que cada día hay una habitación por descubrir qué es lo que esconde. Esta cinta presenta muchas particularidades para la época y se considera que innova en medio de la proliferación del noir de los años 1940s, ya que construye una historia en la que no solo coquetea con los elementos del cine negro, sino que galantea con el lenguaje del melodrama e incluso muta en su último acto hacia las características de un drama de juicio. 

El director John M. Stahl decide teñir de color el celuloide en el que compone las escenas para acercarnos aún más a la intensidad y psicología de los personajes que rodean la historia. Ahí radica la rareza de la película, ya que podríamos hasta incluso considerarla como un típico melodrama de los años cincuenta donde reinaban las ficciones de Douglas Sirk, quien germinó en ese tiempo el lenguaje del melodrama. Este suponía una puesta de escena suntuosa, una fuerte paleta de colores, primerísimos planos e iluminación expresiva, todo al servicio de elevar la intensidad emotiva. Estas revelaciones las encontramos en Leave Her to Heaven y es por eso que, si en la edición anterior abrimos la puerta de la habitación del noir para descubrirla, esta vez nos mudamos a la sala melodramática. 

La historia sigue a Richard Harland, interpretado por Cornel Wilde, un joven escritor que se encuentra con Ellen Berent, una mujer de la alta sociedad interpretada por Gene Tierney, durante un viaje en tren. Ellen se enamora perdidamente de Harland al punto de proponerle matrimonio sin perder tiempo. En todo ese primer tramo de metraje, somos testigos de que Ellen lo ama, lo adora y lo desea pero poco a poco su amor se torna una obsesión peligrosa. 

Retomando la metáfora de la mansión, en este tramo de la película, la mansión cobra un fuerte símbolo de fortificación en el que Ellen decide edificar para que nadie interfiera en su camino. La protagonista no permitirá que nadie, ya sea el hermano menor discapacitado de Harland, Danny (interpretado por Darryl Hickman), o su futuro hijo, interfiera en su deseo de tener a Harland solo para ella. 

En ese desborde emocional y saturación de colores y la forma, Stahl va tejiendo un melodrama donde la complejidad y la interioridad de Ellen se adueñan del relato pero dicha narrativa hubiese sido imposible sin la actuación de Gene Tierney. Como detalla el ensayo de Criterion Collection de Megan Abbott Los ojos de Ellen Berent que comienza con el interrogante que nos impone la cinta:

¿Cómo hablar de «Leave Her to Heaven» sin mencionar el rostro de Gene Tierney? No se puede. Porque sus planos y curvas, sus expresiones astutas y su opacidad tentadora son una pieza central de la propia película. Una serie de gloriosos primeros planos en Technicolor, casi deslumbrantes, resaltan los rasgos con una intensidad que su belleza misteriosa casi abruma la pantalla. Casi parece magia.

Y parece magia porque el retrato de esta mujer es cautivante y exprime la dualidad que representa Ellen, la dulce y la perversa, una encrucijada en la que iremos descubriendo el propio trauma psicológico de Ellen de haber perdido a su padre. 

Gene Tierney obtuvo una nominación al Oscar por su encarnación de Ellen en la que consigue una de las mejores interpretaciones de su carrera. El retrato de Ellen conlleva una de las tantas escenas memorables de la cinta que es la de la escalera. En ese momento, Ellen viste un camisón refinado de color celeste que se eleva junto al empapelado celeste floral de las paredes de la casa, ambos se asemejan a un cielo y la tensión se apodera del escenario. La incertidumbre se hilvana en un silencio punzante pero se apoya en la música expresiva. Luego, la cámara registra el rostro de Gene Tierney que tiene la capacidad de resumir en ese primerísimo plano el desborde de una mujer sumida por su miedo y desesperación y que quiebra al lanzarse por las escaleras donde, frente a todo ese fondo celeste, solo queda que el cielo la juzgue. 

La imagen está sujeta a derechos de autor.

Este año se cumplen 65 años desde que Brenda Lee grabó por primera vez el clásico de navidad Rockin’ Around The Christmas Tree, escrito por Johnny Marks. En celebración de este aniversario, Brenda lanzó el video oficial el mes pasado y la canción llegó al puesto número 1 de los Hot 100 de Billboard rompiendo varios récords. Aquí les dejamos una versión en vivo de la canción en los años 1980s.

Y qué sería de la navidad sin al menos una canción de Dino. En este caso, compartimos el clásico I’ll Be Home for Christmas, que Dean Martin interpretó en su especial de navidad de 1967. Para volver a escuchar una y mil veces.

Fotografìa retrato de Cab Calloway.

El músico destacado de este mes merece una sección aparte, ya que se trata de una de las figuras centrales del jazz de la primera mitad del siglo XX. Estamos hablando del cantante, compositor y líder de banda Cab Calloway, nacido el 25 de diciembre de 1907 en Rochester, Nueva York, como Cabell Calloway III.

Inspirado por su hermana mayor Blanche, directora de su propia banda de jazz, Cab empezó a estudiar música durante sus años de secundaria. En esta época, dio sus primeras presentaciones en clubes nocturnos, bajo la guía de artistas del mundo del swing como Chick Webb y Johnny Jones.

En 1927, viajó junto a la banda de su hermana a la ciudad de Chicago, considerada la capital del jazz en esa época. En uno de los clubes más importantes de la ciudad, el Sunset Café, Cab conoció al gran Louis Armstrong, con quien realizaría actuaciones regularmente y de quien se dice que aprendió la técnica del scat.

Los años 1930s lo encontraron en Harlem, interpretando en los famosos Savoy Ballroom y Cotton Club ya con orquesta propia. En 1931, reemplazó a la banda de Duke Ellington en este último club y la popularidad siguió en ascenso. Ese mismo año, grabó Minnie the Moocher, la canción más famosa de Cab, cuyo single llegó a vender un millón de copias. El éxito del tema, que incluye una sección de llamada y respuesta -con su banda y con la audiencia- a puro scat, le otorgó el apodo de «The Hi De Ho Man».

El magnetismo de Cab no tardó en llegar a la pantalla grande. Entre sus incursiones en el mundo del cine, fue parte del reparto del musical Stormy Weather (1943), junto a otros grandes artistas como Lena Horne, Bill ‘Bojangles’ Robinson, Fats Waller y los Nicholas Brothers.

Tras el descenso de la popularidad de las big bands durante los años 1940s, Cab se vio forzado a desarmar su orquesta y continuó con un sexteto y como solista durante los años siguientes. En 1980, apareció en el film The Blues Brothers, en el que interpreta su hit Minnie the Moocher tan brillantemente como en los años 1930s.

A lo largo de sus más de 60 años de carrera, Cab demostró ser un músico completísimo y un entertainer natural. Combinando la destreza vocal, el baile y el humor, conformó un espectáculo de swing único que influyó no sólo en el ámbito del jazz, sino en la música popular en general.

En 1955, la Warner lanzó el corto musical animado One Froggy Evening, escrito por Michael Maltese y dirigido por Chuck Jones. El corto tiene como protagonista a Michigan J. Frog, una rana cuya peculiaridad es la de cantar y bailar únicamente frente al dueño de la caja en la que se hallaba escondida. La idea es sencilla pero genial y la estructura funciona a la perfección.

Algunas de las canciones que interpreta la rana incluyen clásicos del Tin Pan Alley, como Hello! Ma Baby, de Howard y Emerson, que ya quedó asociada con el corto. A continuación, pueden disfrutar del corto completo dividido en partes.

En esta edición, queremos destacar un álbum que es registro del sonido único que se produce con la unión de dos gigantes del jazz: Frank Sinatra y Count Basie.

Publicado el 10 de diciembre de 1962 bajo el sello Reprise Records, fundado por Frank en 1960, Sinatra–Basie: An Historic Musical First marcó la primera de tres colaboraciones entre el líder de banda y el cantante.

Con arreglos de Neal Hefti, el álbum presenta una selección de canciones que incluyen Please Be Kind, Nice Work If You Can Get It y I Won’t Dance. A lo largo de todas ellas, se configura un constante intercambio rítimico entre la voz de Sinatra con el inconfundible estilo de la orquesta de Basie.

Tras este primer encuentro en los estudios de grabación, ambos artistas grabarían It Might as Well Be Swing (1964) y más tarde Sinatra at the Sands (1966), el primer álbum en vivo del cantante, ambos con arreglos de Quincy Jones.

El póster pertenece a su correspondiente autor o propietario.

Reseña de Leandro A. Cuellar

@leandroacuellar

“Skip the water. Make that one with scotch. It’ll save time”. Frases como ésta son propias de un tipo como Philip Marlowe, nuestro detective de Murder, My Sweet (1944), película dirigida por Edward Dmytryk y con un gran elenco que incluye a Dick Powell, Claire Trevor y Anne Shirley. Este film noir es una transposición fílmica de la novela negra Farewell, my lovely (1940) de Raymond Chandler. 

Ya en los primeros minutos del filme, Marlowe (Dick Powell) aparece rodeado de policías y por medio de un largo flashback -que abarca la mayor parte del filme- les cuenta lo sucedido. Como espectadores estamos inmersos en los acontecimientos que relata el detective.

El protagonista se topará ni más ni menos que con el grandulón Moose Malloy, aunque habrá alguien peor: Jules Amthor. Amthor lo droga con inyecciones y lo mantiene encerrado en su casa. De esta forma vemos cómo la figura del detective arriesga su vida, de forma similar al Sam Spade de Dashiell Hammett. Lo que tienen en común ambos detectives es que sus vidas corren peligro continuamente.

Con respecto a las mujeres que pasan por la vida de nuestro detective. Por un lado, tenemos a Ann Grayle (Anne Shirley) que con su encanto se hará pasar por otra persona -Srita. Allison- hasta ser descubierta su verdadera identidad a los pocos minutos por Marlowe. Por otro lado, la verdadera femme fatale del filme es Helen Grayle (Claire Trevor).

En conclusión, es un film noir que genera intriga de manera constante y se presenta a medida que se desarrolla el filme una gran construcción del personaje de Marlowe. Al fin y al cabo, el protagonista deberá sortear miles de obstáculos sin saber qué le depara el futuro. Este fue el último filme de Anne Shirley, que decidió retirarse muy joven.

El 1 de diciembre de1963 salió al aire el episodio de The Judy Garland Show que tiene entre sus invitados a la cantante Peggy Lee. En esta oportunidad, la podemos escuchar interpretar una emotiva versión de When the World Was Young, una popular canción francesa del compositor Philippe-Gérard con letra en inglés de Johnny Mercer.

La puesta en escena ubica a Peggy prinicipalmente desde un primer plano, a oscuras y con un filtro en la cámara. Junto a la expresividad de su voz, estos elementos acentúan la dramatización de la versión de Peggy.

Gone with the Wind (1939) – Tráiler y reseña

En 1939, la pantalla grande introdujo un film que pronto se convertiría en uno de los más grandes clásicos de la historia del cine. Te invitamos a disfrutar del tráiler (en este caso, el de 1953) en nuestro canal de YouTube y a leer nuestra reseña de esta película imperdible del cine clásico.

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