The Wizard of Oz

La magia del Technicolor nos abre las puertas a una tierra de fantasía con The Wizard of Oz, una de las joyas cinematográficas de 1939. Protagonizada por Judy Garland en el rol que le daría reconocimiento mundial, cuenta la historia de Dorothy, una joven a la que un tornado la transporta desde su casa en Kansas hasta la tierra mágica de Oz.

Valores universales, una historia heroica por excelencia, interesantes recursos técnicos y el estreno de una canción inolvidable se combinan en uno de los más grandes clásicos de la historia del cine.

Reseña de Mery Linares

@meryandthemovies

Cada vez que uno experimenta el visionado de El mago de Oz se siente como si siguiera el camino de ladrillos amarillos. Se trata de un camino que nunca queremos que acabe y, si lo hace, al menos sabemos que siempre podremos volver a recorrerlo para seguir conociéndonos y transformándonos, tal como Dorothy, la pequeña de Kansas que encontró su lugar más allá del arcoiris. Hoy, ella nos recuerda a los adultos que después de la tormenta, siempre sale el sol. 

The Wizard of Oz posee un hechizo que no muchas películas tienen que es la inmunidad del tiempo: los temas que texturizan el relato y sus máximas representan todo aquello que enfrentamos no solo en la niñez, sino en todo el camino de la vida. Nuestros miedos e inseguridades, el sentido del hogar y la búsqueda de identidad son solo algunos ejemplos. Y qué mejor que representarlos en una dialéctica de cuento de hadas donde hay brujas, magos, bosques encantados y criaturas maravillosas como un Espantapájaros, un Hombre de Hojalata y un León Cobarde. Estos elementos delinean el crecimiento de nuestra heroína, Dorothy, interpretada por la gran Judy Garland, con quien, a través de sus zapatos, la audiencia crece una vez más. 

El Mago de Oz probablemente sea una de las películas más vistas en la historia del cine. Estamos frente a una obra emblemática del Hollywood dorado no solo por las historias sobre su creación, sino, y especialmente, por su código universal atemporal y su virtuosismo cinematográfico que resulta en una fuente de inspiración hasta la actualidad. De hecho, en una entrevista, la directora Greta Gerwig confirma que se inspiró en la puesta en escena de El Mago de Oz para su obra taquillera Barbie.

Aunque ahora de grandes conocemos la oscuridad que tiñó el arcoíris del universo de Oz, entendemos que es una consecuencia de la corrupción de la adultez. Como espectadores, nos toca honrar a todos los que dieron lo mejor de sí para que este mágico film sea posible, como nuestra querida Judy, cuya Dorothy siempre cantará en nuestros corazones, sin ninguna bruja malvada que nos lo impida. 

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