
Hay películas que no funcionan por su conflicto, sino por su clima. Meet Me in St. Louis es exactamente eso: un pequeño universo donde casi nada se rompe y sin embargo, todo parece importar. Vincente Minnelli te abre la puerta de la casa de los Smith como si uno también fuera parte de la familia, al punto de saber dónde guardan la torta y cuándo empieza a caer la tarde en ese living que acoge a toda la parentela.
Lo hermoso es que el “conflicto” tarda más de una hora en aparecer y logra que esa primera parte sea pura experiencia: colores suaves, canciones que se quedan en el aire, la sensación de estar entrando a una postal previa a la Primera Guerra Mundial. Todo huele a esos famosos “good old days” que Hollywood necesitaba recordar mientras el mundo real se llenaba de sombras.

Have Yourself a Merry Little Christmas…
En el tercer acto llega la Navidad, y ahí la película se vuelve otra cosa. Judy Garland frente a la ventana cantando Have Yourself a Merry Little Christmas es una escena que te agarra del pecho para recordarte que crecer es también perder un poco. Judy canta sin exagerar nada, casi como si estuviera hablando. Es hermosa y frágil a la vez, y ese es su superpoder: convertir una canción en un susurro melancólico pero poderoso.
Por eso todo ese pasaje navideño pesa tanto. Minnelli viene trabajando la nostalgia desde el minuto cero, pero recién ahí la suelta por completo. La casa, la familia, los rituales; todo conmueve.
Minnelli y la cámara para iluminar
Decir que Minnelli filma lindo es quedarse corta, pero acá su prodigio transforma lo cotidiano en algo que te estruja. Las tomas largas de la Trolley Song, la escena alrededor del árbol, hasta el momento en que todos vuelven a servirse un pedazo de torta, acá nada está apurado, todo está a su tiempo. Y en esa declaración de principios es como si Minnelli hubiese sacado todos los colores que el Technicolor le permitía para atenuar el mundo real que ya es demasiado gris.
Judy, eterna
No hay forma de hablar de esta película sin decir que Judy es la luz. Tiene esa mezcla de alegría y melancolía que nadie más puede sostener. Uno entiende por qué Minnelli la filma como si el tiempo se detuviera a su alrededor.
Para cerrar…
Meet Me in St. Louis se apoya en la convicción de que el hogar no es una casa, es un clima, es la forma de habitar y estar con otros, y que ahí se esconde el refugio ante el tiempo. La película tiene esa esperanza de que aunque todo cambie, algunas cosas siempre seguirán igual.




