
Este mayo nos complace recordar la historia detrás de un maestro del terror psicológico: el legendario novelista, guionista y productor Val Lewton (1904-1951).
Nacido en la Rusia imperial, Lewton emigró a Estados Unidos con su familia en 1909 y comenzó su carrera como escritor publicando novelas –entre ellas la exitosa No Bed of Her Own–. Luego trabajaría como guionista y publicista para MGM, antes de ser nombrado jefe de la unidad de terror de RKO en 1942, donde se haría leyenda como productor.
El ciclo de terror de Val Lewton
Entre 1942 y 1946, Val Lewton produjo nueve películas junto a RKO y consagró al bien llamado “ciclo de terror de Val Lewton”. A diferencia del terror gótico y monstruoso por el que había apostado Universal Pictures en la última década, Lewton redefinió el género llevándolo a un costado más psicológico y sutil: las películas de Lewton apostaban por las sombras, el fuera de campo, la ambigüedad psicológica y una sensación constante de inquietud.
La película que inaugura el ciclo —y también la primera producción de Val Lewton para RKO— es Cat People (1942), dirigida por Jacques Tourneur y escrita por el propio Lewton junto a DeWitt Bodeen. El éxito inesperado de la película dio origen a una de las experiencias más singulares de la historia del cine de terror clásico: una serie de producciones de bajo presupuesto o “cine B” que reemplazaron los monstruos visibles a los que el público estaba acostumbrado por la sugerencia, las sombras y la inquietud psicológica.
A Cat People le siguieron I Walked with a Zombie (1943) y The Leopard Man (1943), ambas dirigidas por Tourneur y desarrolladas a partir de historias concebidas o supervisadas por Lewton. Ese mismo año llegaron The Seventh Victim (1943) y The Ghost Ship (1943), dirigidas por Mark Robson, dos de las obras más oscuras y perturbadoras del ciclo. En 1944 se estrenó The Curse of the Cat People, codirigida por Robert Wise y Gunther von Fritsch, una secuela atípica para la película de 1942 que abandona casi por completo el terror para acercarse a lo fantástico.
La etapa final del ciclo coincide con la incorporación de Boris Karloff, ya convertido en una de las grandes leyendas del género gracias a sus interpretaciones en Frankenstein (1931), The Mummy (1932) y otras producciones de Universal. Karloff protagonizó tres de las películas más celebradas del ciclo: The Body Snatcher (1945), dirigida por Robert Wise; Isle of the Dead (1945), de Mark Robson; y Bedlam (1946), también de Robson. En estos títulos, el actor encontró algunos de los papeles más complejos de su carrera, alejados del monstruo tradicional y más cercanos al horror psicológico que caracterizó la visión de Lewton.
El hombre en las sombras
En el documental Val Lewton: The Man in the Shadows (2007), Martin Scorsese —admirador confeso del productor, especialmente de Cat People— recuerda que Lewton fue criado por su madre y su tía. Quizás por eso no resulte casual que muchas de sus películas estén protagonizadas por mujeres complejas, fuertes y vulnerables a la vez, obligadas a enfrentar situaciones extraordinarias en un mundo que rara vez les ofrece refugio.
A lo largo de su breve pero extraordinaria carrera (falleció en 1951), Lewton produjo una serie de películas fundamentales para el género, les dio sus primeras oportunidades como directores a Robert Wise y Mark Robson, y ayudó a revitalizar la carrera de Boris Karloff, quien siempre le atribuyó al productor algunos de los mejores papeles de su trayectoria. También poseía una imaginación inagotable (e inigualable): podía convertir un título impuesto por el estudio en un clásico como Cat People (en vez de hacer una película sobre una mujer que solo se transforma en pantera y ataca gente, Lewton construyó una historia sobre deseo reprimido, sexualidad, obsesión y miedo a la intimidad), o mezclar referencias tan disímiles como el vudú haitiano, la atmósfera gótica y elementos de Jane Eyre para dar forma a I Walked with a Zombie, una de las películas más singulares del período.
Hoy, más allá de recordarlo por el icónico ciclo de terror que desarrolló en RKO durante los cuarenta, rescato que donde otros veían una limitación presupuestaria, Lewton encontró una virtud estética: sí, sus películas rara vez mostraban al monstruo, preferían sugerir y esconder entre sombras. Pero más de ochenta años después, su cine sigue recordando una de las grandes verdades del terror: que lo más asusta no siempre es lo que vemos…




