
Este noviembre celebramos un nuevo aniversario de BUtterfield 8 (1960), la película que le valió a Elizabeth Taylor su primer Oscar como protagonista después de haber sido nominada cuatro veces consecutivas.
Denominada Una mujer marcada en España y Una Venus en visón en Latinoamérica, la película adapta la novela homónima de John O’Hara y nos revela a la legendaria actriz en una de sus interpretaciones más intensas: Gloria Wandrous, una mujer libre que se niega a encajar en las normas morales de su tiempo, pero que termina pagando el precio de esa libertad.
And the Oscar goes to…
El filme, dirigido por Daniel Mann, llegó a Taylor en un momento de transición en su carrera. Obligada por contrato con la MGM a aceptar el papel, la actriz no ocultó su desinterés inicial por el proyecto. Sin embargo, lo que comenzó como un trabajo “impuesto” terminó por convertirse en una de sus interpretaciones más celebradas, al punto de valerle el reconocimiento más alto de la Academia, tras cuatro nominaciones consecutivas por Raintree County (1957), Cat on a Hot Tin Roof (1958), Suddenly, Last Summer (1959) y, finalmente, BUtterfield 8.
Pero si bien Elizabeth se llevó su primer Oscar por el filme de Mann, su relación con la película —como ella misma admitió— siempre fue compleja. Por un lado, Gloria Wandrous representaba algunas contradicciones femeninas —deseo vs. moral, libertad vs. culpa, independencia vs. amor romántico— que Hollywood solía esquivar o “tocar” muy solapadamente; por otro, Taylor ya estaba agotada del sistema de estudios. Vinculada a MGM desde los años 40, cuando empezó como actriz infantil, veía en BUtterfield 8 más una obligación que una oportunidad artística. A eso se sumaba que detestaba el guion y sentía que el papel explotaba su imagen pública, marcada por el escándalo mediático de su relación con Eddie Fisher. Tras cumplir con el rodaje, rompió definitivamente con el estudio y comenzó una nueva etapa como actriz independiente, eligiendo sus propios proyectos.
Junto a Taylor, el elenco de BUtterfield aportó color al melodrama: Laurence Harvey, en el papel de Weston Liggett, encarna la ambigüedad moral del hombre casado que se enamora de Gloria sin ser capaz de comprometerse del todo; Eddie Fisher, entonces marido de Liz en la vida real, interpreta a Steve Carpenter, el amigo fiel y confidente; mientras que Mildred Dunnock, recordada por Death of a Salesman y Peyton Place, aporta ternura como la madre de la protagonista.
Más allá del mito y los dimes y diretes que rodean a la película y al Oscar como mejor actriz, BUtterfield 8 destaca por su crítica social retratando la vida de una mujer moderna independiente, que se rehúsa a ser limitada por la opinión de los demás.
¿Y el título?
El título hace referencia a un prefijo telefónico real del Upper East Side de Manhattan –BUtterfield 8–, nombre que usaban las operadoras antes de marcar los números, y que es el responsable de conectar a los protagonistas.
Lejos de ser una simple historia de escándalo, BUtterfield 8 consolidó a Elizabeth Taylor como una actriz sin miedo a mirar de frente las zonas más incómodas de su tiempo, y a encararlas con una honestidad feroz tan característica de ella.
Con frases impactantes como “Mama, face it: I was the slut of all time!”, Elizabeth canaliza como nadie la furia y la vulnerabilidad de una generación de mujeres que empezaba a cuestionar los mandatos sobre el deseo y la respetabilidad. Es cierto que en muchos sentidos, Gloria Wandrous reflejaba parte de lo que atravesaba la propia Elizabeth —entonces en el centro de la atención mediática por su vida personal— y quizás por eso nunca logró reconciliarse del todo con el personaje ni con la película. Aun así, su interpretación le valió, muy merecidamente, el primer Oscar de su carrera… y el resto es historia.




