
Setenta y cinco años han pasado desde que Bette Davis encendió un cigarrillo con la elegancia de Margo Channing, una actriz de teatro, mujer moderna, neurótica y libre, una figura que aún hoy parece más viva que muchas protagonistas contemporáneas. En su cuerpo encarnó a una mujer que envejece sin esconderse, que desea sin culpa y que decide libremente.
All About Eve (1950), dirigida por Joseph L. Mankiewicz, es una de esas películas que se filmaron una vez y trascendieron para siempre. No solo por su precisión narrativa o por las catorce nominaciones al Oscar que la convirtieron en leyenda, sino porque en su corazón late una pregunta que todavía incomoda: ¿qué hace una mujer cuando la luz del escenario empieza a apagarse?
Mankiewicz, amante de la palabra y del artificio, construyó su película como un espejo dentro de otro espejo. Lo que parece una historia sobre el teatro, donde una actriz consagrada, una fan que se infiltra en su vida, un coro de aduladores y traidores se enfrentan, es también un retrato feroz de la industria del espectáculo, del modo en que se fabrican y se destruyen a los ídolos. Al mismo tiempo, la película encarna la identidad de Mankiewicz. Cada plano refleja una elección de punto de vista, y decidir qué mostrar y qué dejar fuera del cuadro es casi un acto moral.
All about Eve es en realidad todo sobre Margo, que vive para el escenario y florece de noche. Su mundo son los camarines, las luces frías y los brindis. Pero en torno a ella gravitan otras mujeres que la sostienen, que la desafían o que la traicionan: Karen, la esposa del dramaturgo que le ofrece amistad, y la joven Eve, esa admiradora que llega para robarle no solo el papel sino la vida. En ese triángulo femenino se juega una tensión entre generaciones, entre el deseo y el miedo, entre la mujer que fue y la que quiere seguir siendo.
Lo que resulta fascinante al mirar All About Eve hoy es comprobar que el cine clásico ya contaba estas historias de mujeres que trabajan, que aman, que envejecen, que compiten. Mucho antes de que la comunidad de Twitter necesitara inventar que no había “cine de mujeres”, Mankiewicz filmaba la ambición femenina con una mezcla de fascinación y observación.
El director parecía entender que el público suele confundir esa ambición con vanidad, cuando en realidad la primera es el pulso mismo del arte. En Margo, la ambición no tiene que ver con el prestigio ni con la fama, sino con la necesidad de permanecer viva en ese mundo al que amó más que a sí misma. Sabe que la única manera de no morir del todo es seguir en escena, aun cuando las luces empiezan a apagarse. Por suerte, la magia de Bette Davis nunca se extinguirá.
Como recuerda su hijo Mike Davis: “Es mi película favorita, no solo por la intensidad y el poder de mi madre como Margo Channing, sino también porque mi padre estaba ahí y sus interacciones son simplemente clásicas. Así que abróchense el cinturón y levanten una copa por los 75 años de All About Eve”.




