
Ya ha sido suficiente tiempo sin celebrar en este sitio a la enorme Niní Marshall, y qué mejor que con una comedia a tono con la temporada del maestro Manuel Romero.
Navidad de los pobres es una de las colaboraciones entre ambos para Argentina Sono Film luego de que el director se incorporara al estudio en 1946. Significó el regreso del icónico personaje de Catita a la pantalla grande, que había aparecido por primera vez también bajo la dirección de Romero en Mujeres que trabajan (1938).
En la intersección entre melodrama y comedia aparece Catita para darlo vuelta todo. Sus arranques de generosidad y ganas de arreglar las cosas terminan siempre en quilombos mayores, pero también en lazos más estrechos. Los protagonistas de la trama melodramática son Irma Córdoba, en el rol de Marta, una madre pobre que roba un juguete de una tienda para su hijo, y Osvaldo Miranda, el dueño de la tienda. Del lado de la comedia se encuentran Niní y el gran Tito Lusiardo, quienes forman una dinámica de pre-matrimonio imperdible.
La trama sobre el origen de Marta, su maternidad y el pasado que vuelve es una excusa para el esplendor de la comedia de Catita, con su español atravesado, sus mil palabras por minuto y sus frases tan rústicamente elocuentes. «¡Más mujer será usted!» le grita a una clienta mientras su «criatura» le quiere dar una trompada. La primera escena tiene una velocidad de comedia a la que solo pueden aspirar los grandes del humor.
Pero la mezcla de géneros es tan perfecta en este director que sobre el final estás esperando que todo se resuelva o con un muerto o con un chiste de Catita. Todo el reparto es un lujo, y la cantidad de texto y sucesos que logran meter en 71 minutos de metraje hace pensar que la película muy extensa tal vez sí este sobrevalorada.
«Es un tipo que te impresiona, mi hijo. Se fijó los ojos que tiene. Te mira y parece que te hace el psicoanali». Una cosa hermosa de las películas de Romero, y de muchas películas argentinas de los 40, es que, entre la crítica social y el sentimentalismo, aparecen esos pequeños momentos que revelan una época, esa intención de crear una obra para el momento en el que se hizo, no tanto para la posteridad. A los que miramos este cine hoy nos queda buscar en el presente un poco de esa picardía y ternura que parece escurrirse tanto de la ficción como de la realidad.
Pero dime, ¿por qué no se regenera un poco? Todavía tiene tiempo. ¿Por qué no trabaja? Aproveche ahora que existen las vacaciones pagas.



