Robert Mitchum

Robert Mitchum

Otro agosto que se despide, pero que no lo hace sin una perlita: este mes recordamos y celebramos las películas del inigualable Robert Mitchum, un actor que atravesó más de cinco décadas de Hollywood. Desde los westerns de clase B de los años 40 hasta el cine negro, desde el Hollywood clásico hasta el Nuevo Hollywood y, finalmente, la televisión, Mitchum construyó una carrera tan multifacética como longeva.

Nació en Connecticut en 1917 y murió en 1997, dejando más de 150 créditos entre cine y televisión. Sus armas: una presencia magnética, una voz grave, una mirada entre cansada y desafiante y esa particular capacidad para interpretar personajes muy distintos. Mitchum podía ser héroe, villano, criminal, soldado, vaquero, detective o marido atormentado. Y salía airoso siempre. 

Con tantas películas en su haber, la clave para recorrer su carrera no está solo en ellas, sino en cómo fue cambiando el cine mientras él seguía siendo él mismo.

Los años 40 y el nacimiento del tipo duro

Antes de convertirse en una de las grandes figuras del cine negro, Mitchum fue un actor de westerns de serie B. Durante los primeros años de la década acumuló pequeños papeles en este tipo de películas, hasta que Hollywood empezó a descubrir que había algo muy especial en él.

El primer gran salto llegó de la mano de The Story of G.I. Joe (1945), donde interpretó al teniente Bill Walker, un papel que le valió su única nominación al Oscar como Mejor Actor de Reparto. En 1947 aparecieron Crossfire y Out of the Past –esta última dirigida por Jacques Tourneur–, una película fundamental para construir el mito de Mitchum y considerada una de las obras imprescindibles del cine negro.

El Mitchum de los 40 seguía construyéndose, pero ya aparecía esa figura que se volvería tan reconocible: el hombre que sabe que está condenado y, de todas maneras, no tiene demasiado interés en escapar… el hombre resignado, que nunca deja de ser badass.

Los años 50: su consagración

Si los 40 fueron la construcción de Mitchum, los 50 representaron su consagración.

Ya no era simplemente un actor de westerns o de películas de serie B, se había convertido en una estrella y aunque su atractivo no respondía demasiado a las reglas “tradicionales” del héroe hollywoodense –no tenía aires de galán clásico ni solía hacer papeles que le cayeran bien espectador– su magnetismo era innegable.

Durante esta década trabajó con directores como Nicholas Ray, Otto Preminger, William A. Wellman y John Huston, y recorrió westerns, thrillers, dramas, películas bélicas y romances. The Lusty Men (1952), Angel Face (1953), River of No Return (1954), Track of the Cat (1954) y Heaven Knows, Mr. Allison (1957) fueron la prueba de que su rango como actor era muchísimo más amplio que el del típico protagonista noir. 

Pero hay una película que se destaca: en 1955, Charles Laughton dirigió The Night of the Hunter y Mitchum interpretó al reverendo Harry Powell, uno de los villanos más perturbadores de la historia del cine. Con las palabras “LOVE” y “HATE” tatuadas en los nudillos, el “reverendo” recorre el mundo predicando una religión hecha de violencia. Simplemente icónico.

Los 50 también terminaron de confirmar su versatilidad: en Heaven Knows, Mr. Allison fue un marine atrapado junto a una monja interpretada por Deborah Kerr (trabajaron juntos en cuatro producciones, tres películas para cine y una película para televisión); en The Enemy Below, un comandante enfrentado a un submarino alemán; y en Thunder Road, un contrabandista que intenta sobrevivir en un mundo que ya no parece hecho para él…  Mitchum podía cambiar de género sin problemas, y esto terminaría convirtiéndose en su sello.

Los años 60: Hollywood comienza a cambiar

Los años 60 encontraron a Mitchum en una posición curiosa: la meca del cine estaba cambiando. El sistema de estudios empezaba a desmoronarse, los géneros clásicos comenzaban a transformarse y las nuevas generaciones de cineastas buscaban otras formas de contar historias. Y como era de esperarse de un actor camaleónico como el, Mitchum atravesó esos cambios trabajando prácticamente de todo.

En Home from the Hill (1960), dirigida por Vincente Minnelli, interpretó a un patriarca atormentado, en The Sundowners volvió al drama, en The Grass Is Greener se permitió incluso la comedia y en 1962 llegó un rol inolvidable: Max Cady en Cape Fear de J. Lee Thompson. 

Para sumar al lore de Mitchum, Cape Fear además tiene una curiosidad que cerraría perfectamente el círculo décadas más tarde: en 1991, Martin Scorsese realizaría su propia versión de la historia y Mitchum aparecería nuevamente, esta vez interpretando a un policía. Pero antes de llegar a eso, todavía quedaba mucho Mitchum… En 1966 compartiría pantalla con John Wayne en El Dorado (1966), dirigida por Howard Hawks, en uno de los grandes westerns crepusculares que dejaría la década. 

Los años 70: de estrella a leyenda

Si hay una década en la que el actor se convierte definitivamente en un nombre legendario, esa es la de los 70. El Nuevo Hollywood finalmente había llegado y los directores tenían mayor libertad y los protagonistas se volvían más ambiguos, ¿y quién mejor para interpretarlos que él?

En 1970, David Lean lo eligió para Ryan’s Daughter, un papel que se alejaba bastante de su imagen habitual, interpretando a un maestro de escuela atrapado en un matrimonio y una vida que no se parecen a aquello que alguna vez imaginó. 

También habría cine criminal: en The Friends of Eddie Coyle (1973), dirigida por Peter Yates, interpreta a un delincuente envejecido, cansado y muy consciente de que ya no tiene demasiado futuro. 

Y entonces aparece Philip Marlowe: en Farewell, My Lovely (1975), Mitchum interpreta al detective creado por Raymond Chandler. Pero este es un Marlowe diferente: un hombre cansado, desencantado y consciente de que el mundo que conoció está desapareciendo –Mitchum era perfecto para interpretarlo–. Tres años después volvería a ser Marlowe en The Big Sleep (1978), en una elección casi poética: uno de los grandes rostros del noir de los años 40 y 50 regresaba al género para interpretar a un detective que, al igual que él, parecía pertenecer a otra época.

Los años 80 y 90: Mitchum como institución

Durante los 80, encontró en la televisión un nuevo espacio para su figura. Las grandes miniseries los transformaron en una de sus caras más reconocibles gracias a The Winds of War (1983) y War and Remembrance (1988). El cine tampoco quedó atrás: con apariciones en películas como Maria’s Lovers, Mr. North y Scrooged.

En los 90 llegó Cape Fear. En la versión de Martin Scorsese de 1991, Robert De Niro tomó el papel que Mitchum había convertido en uno de sus grandes villanos casi treinta años antes. Mitchum, en cambio, apareció como el teniente Elgart, uno de los policías que reciben a Sam Bowden después de la llegada de Max Cady –dato no menor y guiño cinéfilo de Scorsese: Gregory Peck, protagonista de la película original, también apareció en el remake–.

Mitchum siguió trabajando durante la década. Apareció en Tombstone como narrador, participó en Dead Man de Jim Jarmusch y realizó su último papel protagonista en la película noruega Pakten, de 1995. 

Hora de bajar el telón

Es difícil explicar qué hace tan especial a Robert Mitchum: no fue el actor más premiado de su generación, tampoco fue un galán ni tampoco estuvo rodeado de escándalos… 

Si hay algo en lo que destaca es que el cine cambió alrededor suyo y él nunca dejó de brillar como actor. Pasó del sistema de estudios al Nuevo Hollywood, del blanco y negro al color, del noir clásico al policial moderno, de las salas de cine a las grandes producciones televisivas. Cambiaron los actores, los directores, las formas de producción y hasta la manera en que Hollywood entendía a sus propias estrellas… pero Mitchum permaneció.

Y tiene más de 150 películas para recordarnos.

  • Foto de perfil de Celina Alba Posse

    Aportando mi granito de arena para que las películas y los artistas del pasado no se olviden. Obsesionada con descubrir clásicos, fan de compartirlos y feliz de hacerlo en Edición Sunset.

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