Es septiembre y ya se palpita la temporada de terror. Y como es casi costumbre en la edición, el mes funciona como una antesala de octubre… son pocas las películas, los directores o los actores ajenos al género capaces de persuadir a esta humilde colaboradora a dedicarle su espacio a otro tema. Pero toda regla tiene su excepción, y esta tiene nombre y apellido: Elia Kazan.
El 7 de septiembre de 1909 nacía el escritor y director Elia Kazan y, en el que sería su cumpleaños número 117, recorremos y celebramos una filmografía que atravesó y conquistó a millones.
De Constantinopla a Hollywood
Elia Kazan nació en Constantinopla —en el antiguo Imperio otomano, actualmente Estambul—, en el seno de una familia de origen griego. En 1913, su familia emigró a Estados Unidos y finalmente se instaló en Nueva York. En 1930 ingresó a la Universidad de Yale, donde estudió Arte Dramático, apenas dos años más tarde se incorporó al Group Theatre de Nueva York, uno de los espacios fundamentales para la renovación de la actuación y el teatro estadounidense. Fue el primer paso a la grandeza: allí comenzó a desarrollar su carrera como actor y, posteriormente, como director.
El teatro sería una parte fundamental de su trayectoria incluso después de su llegada a Hollywood. En 1945 llegó su primer largometraje: A Tree Grows in Brooklyn, adaptación de la novela de Betty Smith.
1947 y el Actors Studio
Si hubo un año decisivo en la carrera de Kazan, fue 1947. Ese año cofunda el Actors Studio junto con Cheryl Crawford y Robert Lewis, institución que se convertiría en uno de los espacios más influyentes de la actuación estadounidense y que ayudaría a popularizar el llamado “acting method” o “método”.
También dirige en Broadway A Streetcar Named Desire, de Tennessee Williams, con un joven Marlon Brando en el papel de Stanley Kowalski –detalle no menor: la colaboración entre ambos sería una de las más importantes de su carrera–.
Increiblemente, ese mismo año también estrena Gentleman’s Agreement, protagonizada por Gregory Peck, un drama sobre el antisemitismo en Estados Unidos que no solo fue un éxito, sino que le valió a Kazan su primer Óscar como Mejor Director en 1948.
Los años 50: la consagración y la controversia
En 1951 Kazan llevó al cine A Streetcar Named Desire, con Marlon Brando –que se consagró con el filme– y Vivien Leigh como protagonistas, la película recibió doce nominaciones al Óscar y ganó cuatro estatuillas. Brando, además, terminó de consolidar con esta película una forma de interpretar que se alejaba de la declamación teatral tradicional y apostaba por una actuación más contenida, física y emocional.
Pero la década de 1950 también estuvo marcada por uno de los episodios más controvertidos de la vida de Kazan…
En 1952 compareció ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC), durante el período de persecución política conocido como la “caza de brujas” en Hollywood. Kazan identificó a antiguos compañeros vinculados al Partido Comunista, una decisión que tendría consecuencias duraderas en algunas de sus relaciones personales y profesionales, particularmente en su vínculo con Arthur Miller.
Queramos o no, este episodio forma parte inevitable de su biografía, así como también –para quien sepa mirar de cerca– de las películas que haría luego de esta experiencia.
1954: On the Waterfront
Si hubiera que elegir una sola película de Kazan, On the Waterfront (en español “La ley del silencio”) sería una candidata inevitable. En ella, Marlon Brando interpreta a Terry Malloy, un exboxeador convertido en trabajador portuario que vive bajo el control y la violencia de los líderes sindicales del puerto de Nueva York. Cuando un asesinato lo enfrenta a la posibilidad de denunciar el crimen, Terry queda atrapado entre el silencio, la lealtad hacia los suyos y la necesidad de hacer lo que considera correcto.
Kazan arrasaría con ella: On The Waterfront fue un enorme éxito crítico y comercial y ganó ocho premios Óscar, entre ellos Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor para Brando.
1955: James Dean y East of Eden
Después de Brando, Kazan encontraría a otro de los grandes rostros de la actuación estadounidense: James Dean. En East of Eden, adaptación de la novela de John Steinbeck, Dean interpreta a Cal Trask, un joven marcado por su conflictiva relación con su padre. Este fue el primer gran papel de Dean.
1956–1957: Entre el drama y la sátira
Kazan continuó explorando temas incómodos con sus películas (y nos encanta).
En Baby Doll (1956), volvió a trabajar con Tennessee Williams en una historia cargada de tensión sexual, deseo y frustración –la película fue polémica desde su estreno y llegó a ser condenada por la Legión Nacional de la Decencia–. Un año después dirigió la explosiva A Face in the Crowd (1957), una película que hoy resulta particularmente interesante –y, por qué no, relevante– por su retrato de la televisión, la fama y la construcción de una personalidad pública.
1961: Esplendor en América
Kazan volvió a hablar de deseo, represión y expectativas sociales en Splendor in the Grass (1961), protagonizada por una indescriptiblemente maravillosa Natalie Wood y Warren Beatty, quien debutó como actor en ella.
Esa década arribaría otro filme muy especial: America America (1963). Kazan escribió, produjo y dirigió esta historia inspirada en la experiencia de su propia familia y en el viaje de un joven griego que intenta emigrar a Estados Unidos, ¿el resultado? Una obra profundamente personal sobre la inmigración, el deseo de empezar de nuevo y la idea de Estados Unidos como tierra de oportunidades. Fue nominada a cuatro premios Óscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Director.
Sus últimos años detrás de cámara
Durante las décadas siguientes, Kazan continuó dirigiendo películas como The Arrangement (1969), adaptación de su propia novela, y la última que hizo, The Last Tycoon (1976), protagonizada por Robert De Niro y basada en la novela inconclusa de F. Scott Fitzgerald.
En poco más de tres décadas, Elia Kazan dirigió 17 largometrajes. Una cifra que puede parecer pequeña si se la compara con la filmografía de otros grandes directores del Hollywood clásico, especialmente aquellos que trabajaron durante varias décadas dentro del sistema de estudios.
Pero quizás sea justamente ahí donde reside parte del interés que despierta en nosotros su obra: Kazan no necesitó una filmografía extensa, en sus películas aparecen algunos de los actores más importantes de su generación —Marlon Brando, James Dean, Natalie Wood, Warren Beatty, Gregory Peck— y una serie de temas que atraviesan buena parte de la sociedad estadounidense del siglo XX, y por qué no, de este siglo también.
Sus 17 películas tampoco parecen responder a una única fórmula: hay romances, adaptaciones teatrales, historias de inmigrantes, dramas familiares, sátiras sobre los medios y conflictos sociales.
Y aunque para la mayoría de los amantes del cine su figura quedó inevitablemente ligada a las decisiones que tomó fuera de la pantalla, volver hoy a sus películas permite recordar algo que a veces se pierde cuando la biografía ocupa demasiado espacio: Elia Kazan fue, ante todo, un gran cineasta.




